lunes, 21 de diciembre de 2015

Belén viviente (no terror)


              
           



Hace cosa de un mes tuve una idea para el taller de escritura. Llegaba Navidad y quería hacer algo especial, por ello mandé de deberes una historia sobre un Belén viviente; la idea era que, basado en Cuento de Navidad, cada uno fuese una figurita del Belén, cobrase vida a acusa del espíritu de dichas fiestas y contase las Navidades que le correspondieran. Quise incluirme en los deberes —una vez al año no hace daño— y estar sentado con mis chicos y chicas en vez de hacerlo de pie y al lado de la pizarra. Repartí al azar los personajes, y a mí me tocó ser la virgen María.
       He creado una historia con bastantes dosis de humor, firmada como Santiago Bernal. (Ya sabéis que si no es de terror desaparece el nombre de José Losada y aparece Bernalito). En este relato no encontraréis terror, absolutamente nada; el nombre del blog es "Mini relatos terroríficos", y se supone que todos son de terror. Sin embargo esta vez he querido compartir con vosotros una historia diferente, una que no tenga como protagonista al típico chico sufridor al que todo le sale mal, que está frustrado y termina peor de como estaba al principio. Aquí hay magia, Navidad pura pero no dura (aunque a mí no me gusten las últimas semanas de diciembre desde que vine al mundo).
     Al igual que en los de terror espero que paséis un mal rato, que os dé miedo y esas cosas, aquí espero que lo paséis bien, que os riáis y permanezca por mucho tiempo —todo el posible— el esbozo feliz que todo el mundo tiene derecho a tener.
    Compartí el relato en clase y ahora me toca con vosotros. Ya con esto os deseo unas muy felices fiestas. Espero que os guste. (Si no os gusta, como se supone que quien lo ha escrito es Santiago Bernal, yo me libro de las malas críticas).
     Gracias. Feliz Navidad.


                                                                                   José Losada


                                     
                                        Belén viviente

Otro año más, sí. ¿Para qué quejarme cuando mi vida, mi eterna figura va a preguntarse lo mismo cada 365 días? Sería una bobada hacerlo cuando no tiene solución; y creo que por ello, y porque ha llegado el momento de explicar mi función, comenzaré a contarte la verdad de esto que me quema pero que al mismo tiempo me llena de orgullo y satisfacción. (Sí, hasta hace poco cada 365 días esta última frase me acompañaba de camino a mi trabajo anual). Bien pensado es un chollo: trabajo una sola vez cada doce meses, sigo el curso del destino sin tener que dar explicaciones a ningún superior y además dejo estupefacto al destinatario. Podría decirse que soy como un mensaje visible cargado de malas noticias y que todos odian en su llegada, pero que después, una vez entrado en materia, aman.
      Recuerdo a bote pronto a un ser que me odió hasta el último minuto de mi día de trabajo, y lo llevo tan dentro de mí que jamás olvidaré su nombre. Todos los años cuando despierto y bostezo de mi apacible y largo sueño, a mi mente llega su nombre como si hubiese sido la única persona importante en mi vida: Scrooge; nunca vi a un ser tan agrio y malhumorado como él. Vivía sin tener vida, y aunque se pasó ochenta años respirando aire a diario, comiendo, paseando y demás funciones del ser humano, no fue capaz de apreciar lo que significa “sentir” hasta que yo no afloré inesperadamente a su lado. Lleva criando malvas más años que disgustos crio durante toda su miserable existencia. Sin embargo —quiero recalcar bien esta parte—, a pesar de que yo le enseñé a ver el valor que hay en el mundo en que se vive, por muy oculto que este le pareciera, rendido a vivir una lánguida pero angustiosa vida reconcomida, él me enseñó a mí mucho más: el verdadero valor. Quizá es por esto, y solo por esto (más que suficiente) el motivo por el cual cada vez que abro los ojos —y de forma literal, nada que ver con la forma en que conseguí abrírselos al viejo infeliz—recuerdo con nostalgia el rostro de facciones congeladas que el propio Scrooge se veía a diario; su aguileña nariz parece atravesarme en compañía de sus chiquitos pero penetrantes iris azulados, agrandados tanto en el universo abismal que poseo por mente como a través del circular cristal de sus anteojos sin montura. Yo le transmití miedo, él consiguió que en mi traslúcido cuerpo creciese un brutal escalofrío, habituándome ipso facto a su más que trabajada gélida personalidad.
        Gané la batalla; y él, descansando de una larga vida agónica de la que disfrutó sus pocos años finales (pero de qué manera lo hizo) seguro que viaja conmigo para traspasar al necesitado el poder que le concedí: la felicidad.



               
                                         Primera parte

Scrooge, Scrooge… Qué recuerdos.
       Ahora me hallo de camino a desvelar el futuro de un nuevo Scrooge. Desconozco su verdadera personalidad, aunque bien es cierto que no creo que posea la misma frialdad que el viejo carcomido. Para empezar sé que se trata del calco de una mujer muy importante en la historia de la humanidad, y creo que si hago un ligero repaso por su vida reconocerás a la original enseguida. ¿Te suena aquella que dio a luz a un hijo inesperado? Ya sé que desde que el mundo es mundo todos los días nacen hijos inesperados, errores de cálculo después de un “yo controlo, nena”. Pero si te digo que se trata de la única mujer que ha tenido un hijo sin poner de su parte para crearlo, ¿sabes de quién hablo? Creo que sí aunque te lleguen a la mente varias candidatas. Sabes que me refiero a la virgen María, por mucho que después de parir se hinchase a hacer hijos por el método tradicional. Sin embargo las sagradas escrituras dicen que en su vientre creció un bebé gracias al poder del espíritu Santo. (Yo soy el espíritu de las Navidades y nunca he hecho hijos a distancia, pero está visto que el Santo sí puede. Ole él); el destino quiere que la rescate de su petrificada función mundial. Como he dicho antes, a por quien voy no es más que un calco de la verdadera virgen María, una simple figura pero con más vida interior que muchos seres humanos… ¿Me acompañas en esta breve aventura? Creo que te gustará.



                                                 *****


A veces suelo utilizar mi poder de vuelo para dirigirme a mi destino, otras muchas, simplemente aparezco delante del elegido: me encanta darle un susto de muerte, y que con él, su corazón palpite de forma desbocada mientras yo me troncho de risa; mi visita a Scrooge fue muy sonada, bastante conocida. Tengo constancia de que quedó escrita, y es muy posible que tú, quien ahora me está prestando debida atención, la conozca.
        No vuelvo a mencionar al viejo gruñón por antojo, sino porque en esta segunda estrofa (así se editó mi misión en “Cuento de Navidad”) he comenzado diciéndote que a veces —menos de las que quisiera— me dirijo volando a mi destino. Pues bien: si haces memoria a lo relatado en dicho libro, recordarás que Scrooge y yo volamos por el cielo centelleante en diminutas y agradables partículas luminosas que, un tal todopoderoso con mucho más poder que yo, llamó “universo”; allí pudiste imaginarlo con cara de ilusión, con un rostro único en su peculiar personalidad. Yo lo vi, y puedo asegurarte que aquellos flácidos mofletes no tenían nada que ver con la fuerza del aire en el que nos movíamos a toda velocidad, sino que en verdad se dibujó en su rostro una satisfactoria sonrisa. Sus ojos —sus pequeñísimos ojos sin vida— lagrimearon, y por supuesto, también de felicidad…
        Ahora quiero que recuerdes una vez más esa parte del libro, que te centres en ella y, de este modo, viajes conmigo sin levantarte del sofá en el que me estés leyendo (suponiendo que hayas decidido tomarme en este 24 de diciembre mientras tu cuerpo saborea con agradable placer el crepitar del fuego que te calienta en el hogar). Si me lees en lo que tu cuerpo y alma se trasladan al encuentro con tus familiares para disfrutar de las fiestas, entonces deja que el paisaje por el que te desplazas se disuelva, cambiándolo por un relato imaginario que, estoy seguro, calará muy hondo de tus Navidades futuras.
¿Qué mejor que celebrar la Navidad en compañía del espíritu de dichas fiestas? Vente conmigo.



                                                 *****


“¡Maravilla!”. Es lo menos que puedo expresar al ver lo que se cruza en mi camino. Vuelo con deleite satisfacción (y orgullo); el aire azuza mis mejillas nerviosas, tan flácidas como las de Scoorge. No voy a describirme porque en este preciso instante no tengo cuerpo, no soy más que algo transparente que vuela sin cesar. Eso sí, cuando me presente ante la virgen (guárdame el secreto de esto, porfa) es muy posible que su apodo cambie. Jiji.
         Veo farolillos de colores: rojos, verdes, amarillos, azules… Los hay de infinitas tonalidades; sin embargo, todos bien luminosos. También veo un enorme árbol cubierto de blanco, con numerosos brazos de los que penden bolas típicas de Navidad. Los niños cantan, las nubes se levantan. Que sí, que no, que llueva chaparrón. (Es broma); los papás abrigan a sus pequeños en lo que inmortalizan el recuerdo para, una vez más, disfrutarlo en las Navidades futuras. Les dirán: “eh, canijo. Mira, este eras tú de pequeño. Te sentamos al lado del árbol de Navidad en lo que un hombretón rechoncho y de larga barba blanca, con más años que Matusalén, llegaba a nuestra casa entrando como las personas normales: por la chimenea. Papá lo intentó una vez y se quemó el trasero, pero tú ese año tuviste tu regalo de Papá Noel”. Sí, puede que le digan eso de aquí a unos años, cuando en una Nochebuena les presente a una tal María sin ser ya virgen… Pero lo que nunca le dirán es: “eh, canijo. Mira, en lo que papá y mamá te tiraban fotos un espíritu aterrizaba al lado de la virgen María para proyectarle el futuro”. Eso no se lo dirán nunca, y es una pena porque sería la realidad, y no eso del viejo rollizo que se cuela por las chimeneas para depositar regalos en los de por sí, perfumados calcetines del abuelo. Qué inventos…



                                              *****

Espero a que la gente se guarde en sus casas para ponerme a trabajar. Cuando aterrizo, la zona sigue bastante iluminada, pero ya no hay nadie, solo un Belén petrificado. Me dirijo a él y lo observo con ojos golosos, los mismos que hacen que me relama al ver algodones de azúcar, turrón, polvorones y demás dulces en una caseta justo enfrente. Pero está cerrada y no puedo comprar nada; de todas formas, de haber estado abierta mi deber es el de informar a la virgen. (Quiero un móvil con WhatsApp para poder trabajar desde el sofá. Queridos Magos de Oriente, hacedme este gran favor…).
         Desplazo la vista con sigilo por todo el abovedado portal hasta divisar a la virgen (Jodo, está demasiado bien para su falta de uso), y allí la contemplo arrodillada, con un manto azulado sobre los hombros que cubre su vestido rosáceo. Mantiene la cabeza gacha mirando al fruto de su vientre. (Perdona que me ría al describir este último punto cuando hablo de una virgen); y la veo en muy buena compañía: junto a San José y al pequeño cigoto apalabrado que creció dentro de ella. Una mula y un buey se encargan de que no pase frío.
          Vuelvo a mirarla. Sin embargo —y muy a mi pesar— el tiempo corre y no puedo demorar mi función; por lo tanto solo dispongo de… Sí, exactamente quince segundos para contemplar algo que, créeme, es digno de visualizar. No podría marcharme de aquí sin verlo. Juro que, al margen de creencias, la vista es preciosa.
          Turno de la magia. ¿Qué sería de la Navidad sin magia? Nada, y para ello cuento con el espléndido truco de tres hombres a lo lejos que llegan en compañía de camellos y de polvos mágicos. (Aunque relate polvos y camellos, sigo hablando de magia). Petrificados igual que las demás figuras, los magos intentan cruzar un puente empedrado por el que sí, cruza agua manipulada. Los seres humanos se han encargado de motorizarlo, y el resultado final ha sido magnífico.
          Me he fijado bastante porque mi trabajo desempeña un papel fundamental respecto a estas tres figuras. No son ellas como tal mi comodín para el inicio de lo lúdico y, para ti, lector, algo que considerarás solo magia, y no realidad; es su estrella quien bajará hasta mi posición para ayudarme e iniciar esta aventura; la he localizado, justo por encima de la cabeza de Baltasar. No es muy grande (la estrella. El perolo del rey es bien hermoso) por ello me ha costado encontrarla. Solo me queda recurrir a mis polvos mágicos y hacer uso de ellos. La magia tiene como fin crear ilusión. Tú, amigo, vas a vivir una ilusión: me verás a través del papel, y ya no como un espíritu sin apariencia humana ni el que te relata los hechos, sino que en pocos segundos vivirás una historia increíble, yo dejaré de ser narrador, y tú, y solo tú, imaginarás la historia según te la vaya contado la virgen.
         Utilizaré mi magia, la estrella apuntará hacia el portal y se estrellará (sin causar daños) en el cuerpo de María. En ese momento ella cobrará vida (sí, como lo lees), y las siguientes páginas la tendrán como única y verdadera protagonista. El espíritu de la Navidad (yo. Pero hablo de mí en tercera persona para ir metiéndome en el futuro) se mantendrá unos instantes, pero ya no como narrador principal.
         Espero que hayas disfrutado del prólogo de mi día de trabajo. Ahora te queda la mejor parte. Creo que no tardarás en saber de mí.
         La estrella baja. ¡Disfruta!
         Feliz Navidad.



                                        Segunda parte


       -¿Qué? Cielos, ¡puedo hablar! Pero, ¿qué es todo esto?
       »A mi alrededor hay cosas que no se mueven: algo alto, con pelo en la cara y un objeto alargado en lo que se apoya; también algo más pequeño, como encogido y dentro de una caja de madera y paja. Contemplándolo, como si su deber fuese el de no dejar de mirarlo, dos piezas iguales salvo en su color… Dios, ¿qué es todo esto?
         -Y a Dios deberías preguntárselo, pero no te responderá ahora.
        -¿Quién ha dicho eso?
        -Ya deberías estar acostumbrada a escuchar voces sin ver a nadie delante de ti, María, que ese es tu nombre.
        -¿Eh?
        -Tu hijo, ese que ves dentro del cuadrado de madera que acabas de describir, fue concebido así, en una anunciación de voz. No soy la primera voz que escuchas.
       -¿Cómo?
       -Ya lo entenderás mejor en otro momento… Ahora permíteme que me presente: soy el espíritu de las Navidades futuras, tu futuro.
       -¿Navidades futuras? ¿Mi futuro?
       -Sé que no entiendes nada, pero al igual que hay cosas que pueden entenderse sin verlas, también hay cosas que pueden verse sin entender; me hallo aquí para desvelar tu futuro, mostrarte lo que pasará el año que viene por estas fechas.
        -No entiendo nada.
        -Eres una figura que representa a la virgen María, por lo tanto, tú eres la virgen María.
        -¿Qué es eso de virgen María? No puedo entenderlo.
        -El mundo sigue sin entenderlo después de 2016 años, así que porque esta parte nos la saltamos, no ocurrirá nada.
        -De acuerdo.
        -Ahora mira a tu alrededor. Dime: ¿qué ves?
        -Algo alto, con pelo en la cara y un…
        -Sí, es tu marido: un hombre alto, con barba y un grueso palo de madera a modo de bastón.
        -¿Eh?
        -El pequeño es tu hijo, como bien te dije; a su alrededor una mula y un buey. Y ahora mira allí, a lo lejos.
        -Hay tres cosas más.
        -Son los reyes magos, y vienen exclusivamente para entregarle regalos a tu hijo.
         -¿Regalos?
         -En Navidad se hacen muchos regalos, María. Yo soy un regalo.
         -¿Tú?
         -Sí.
         -Pero no puedo verte.
         -Me verás en el futuro. Dentro de un minuto. Eso ya es el futuro.
         -Sigo sin entender.
         -¿Ves eso alto en medio de la plaza?
         -Sí.
         -Es un reloj. Cuando suene, todo este escenario habrá cambiado, y tú verás lo que vaya a ocurrir dentro de 365 días. Eres una privilegiada.
         -¿Privile… qué?
         -Tienes suerte, María. Deja que la magia penetre en ti. Será lo primero que logre penetrarte, así que yo que tú estaría contenta.
         -¿Por?
         -Observa el reloj. Vas a sorprenderte porque sabrás hablar bien, sabrás relatarlo; hay gente que te lo agradecerá.
         -¿Qué gente?
         -Cuéntaselo, María, no te calles nada. Mira, observa con atención y relátalo todo. De ti depende que la ilusión viva para siempre. Feliz Navidad.
         -No lo entiendo. ¿Oiga?
         » ¿Y ese sonido? Se repite. Ha sonado una vez, y otra, y otra… y así hasta doce.



                                            *****
           -¡Feliz año nuevo!
           -¡Madre mía! La plaza está llena de gente que repite una y otra vez eso de “feliz año nuevo”. Hay adultos y niños amontonados, comiendo uvas y festejando la entrada del nuevo 2016… ¿Por qué sé describir todo esto? El espíritu de la Navidad tenía razón.
           -Mira, mamá –le dice un niño a su madre cuando está delante de mí-. La virgen se mueve.
           -Es una persona real, cariño –le explica su madre. Pero no tiene razón, ya que yo no soy una persona real, simplemente he cobrado vida.
          -Se equivoca, señora –le explico-. Soy una figura de Belén, como todos estos. –Señalo mi alrededor-. Pero es Navidad, y mi regalo consiste en cobrar vida en vez de darla.
           La señora se queda un tanto desconcertada, como si no creyese lo que le digo.
         -Créame, le digo la verdad –insisto.
         -Se hace difícil de creer.
         -Lo sé. Pero piense: ¿es lo más difícil que ha tenido que creer de mí?
         -Entonces sí que eres de verdad.
Sonrío.
         -Puedo decirle que su familia será feliz, siempre. Le esperan grandiosos años de alegría, salud y mucho por lo que vivir; su hijo será muy importante, y usted, una madre ejemplar.
         -Ojalá lo quiera Dios.
         -Lo quiere, se lo aseguro.
         -Es verdad. Perdón, no me acordaba que eres…
         -La madre del Señor.
         -Gracias.
         -Feliz Navidad, señora; feliz Navidad, pequeño.
         -Dile adiós a la virgen –le dice la mujer.
         -Adiós, virgen –se despide el pequeño.
       La señora y el niño se van, pero antes, él me lanza un beso que yo le devuelvo con ternura.



                                           *****
         -Que sí, tío, que este año pienso salir con Zulema.
        -¡La virgen!
        -Por poco tiempo.
        -No, que ahí está la virgen.
        -¿Eh? Coño, es verdad.
        -Feliz Navidad, chicos –les digo a los dos adolescentes que se preparan para vivir una noche de fiesta.
        -Igualmente, tía. Digo… Perdón.
        -¿Eres la virgen? –me pregunta el futuro novio de Zulema.
        -¿Tú lo crees?
        -Pues… No.
        -Te equivocas.
        -Una mierda. Tú no eres la virgen.
        -Si te digo que lograrás salir con Zulema y seréis felices, ¿me crees?
        -Jodo… ¿Y tú cómo sabes quién es Zulema?
        -Porque es la virgen, chacho –le dice el amigo con rostro atónito, tan lívido como mi velo.
        -¡Qué pasada! –exclama el agraciado-. ¿De verdad será así?
        -Palabra de virgen María.
        -Oh, María.
        -Sin pecado concebida… Feliz Navidad, chicos. Podéis seguir disfrutando en paz.
         Los dos muchachos se fueron.



                                                 *****

            -Ah, ¿pero es cierto que eres la virgen? –me pregunta una voz, la segunda que escucho sin ver y tercera de forma global.
            -Lo soy –respondo una vez que me giro y veo ante mí la figura de un hombre de mediana estatura y melena castaña.
           -Te he visto leer el futuro de esos jóvenes –vuelve a decirme.
           -Sí. Puede decirse que hoy actúo de pitonisa.
           -¿Y cómo te sientes regalando ilusión a la gente, mostrando deseos futuros?
           -Genial. Es difícil de explicar, pero… no sé, es como sentir la paz del cielo muy dentro.
           -Un cielo que te ganaste hace un porrón de años –me dice provocándome una sonrisa.
           -Estoy muy contenta. Tengo vida y el deseo de seguir mostrando felicidad muchos años más.
           -Me alegro. Está bien eso de estirar las piernas de vez en cuando, aunque sea cada 2016 años.
          Su respuesta vuelve a hacerme sonreír.
           -¿Las vírgenes pueden tomar una copa? –me pregunta.
           -Supongo que sí –respondo un tanto ruborizada.
           -Entonces te invito a una.
      No rechazaré la propuesta, quiero tomarla, así que me voy con este chico a celebrar el nuevo año.
           -Se me olvidaba darte un pequeño detalle –me dice mientras nos alejamos de la plaza-. Soy el espíritu de la Navidad, el que te ha regalado la vida.
          Me quedo sin palabras.
          -Y tengo otro secreto –me dice una vez más-. Yo también…
       ¡Stop! Suficiente. Es hora de que vuelva a tomar el rumbo para el final de la historia. Ya me conoces, lector, soy el espíritu de las Navidades futuras, y vuelvo de nuevo para cerrar esta breve narración. No sé muy bien qué más decir, no me gustan las despedidas. Creo que te has quedado un poco en shock porque te he cortado en mitad de mi secreto, pero no hay mucho más que decir. María y yo… (A partir de ahora la puedes llamar María, a secas) tomamos una copa a las 00:47 del 01/01/16 y amanecimos sobre las 7:30 del mismo día, los dos juntos, como el padre de su primer hijo nos trajo al mundo y abrazados como dos tortolitos…
        Me consta que esta mujer está exclusivamente diseñada para compartir su vida con espíritus: el Santo, que fue el primero que se la benefició, y ahora yo. No te enfades, lector, que ha sido mi buen acto de Navidad; de él nació Scrooge junior, que así lo hemos llamado en honor a su padrino. El bautizo en el cielo fue la hostia bendita, aunque tuvimos un cura muy particular: San Dios. He de decir que de verlo en paloma de la paz a verlo en persona hay una gran diferencia, la misma casi que ver a María llena de mantos a verla… Ejem.
        Esto se acaba. Muchas gracias por haber compartido un ratito de Navidad a mi lado. (Creo que yo me lo pasé mejor que tú). No obstante, si tienes ganas de más, me toca trabajar otro rato, así que puedes acompañarme. Me hallo en el 2018, pero como de futuro va la cosa, igual te apetece.
        Estés en el año que estés, yo te deseo una feliz Navidad.      Felices fiestas con Codorniú. (Que es broma, hombre).
        En serio: feliz Navidad, y sobre todo, feliz vida.
        María, el churumbel y yo, nos despedimos. Chao, y mil gracias.


                                                   FIN
                                               Santiago Bernal (José Losada)

lunes, 7 de diciembre de 2015

© Quien vale soy yo

           


Si alguien es capaz de aliviar la intranquilidad que me mueve como si estuviera expuesto a un sinfín de cables de corriente eléctrica que me elevan y me sueltan infinidad de veces sin remedio conocido, que me ayude, se lo suplico; que haga el favor de reducir mis fuerzas mortíferas para que yo, un pobre inculto de la vida, aun siendo clave para esta, se centre y no culmine con inconsciencia lo que puede remediarse de forma humana...
        Esa fue la frase que me acompañó hasta ayer, momento en que decidí dar un giro inesperado a mi existencia. Mi día a día me consume como si solo hubiese sido creado para trabajar. No descanso un mísero segundo, y de hacerlo, sería para siempre; aprendí a bajar el ritmo en momentos puntuales, siempre y cuando todo reinase en la más apacible calma. Los viejos tiempos se recuerdan con anhelo por volver a vivirlos, y yo lo deseo. Pero ahora, prácticamente convulsionando dentro de cuatro paredes que golpeo a fuerza bruta, en vez de caer rendido en un profundo sueño merecido mi energía aumenta siendo capaz de destruirlo todo. Con un movimiento decisivo, solo con uno, podría destruir a una familia entera. Poseo un valioso poder, tan valioso como la vida. Soy yo, nadie más; valgo oro aunque no lo pese. He tenido la suerte de haber compartido mi cuerpo con muchas, demasiada mujeres. Sin embargo no he podido hacerlo de la manera que me habría gustado. Por ello, cansado de sentirme como un juguete, mi venganza se ha escapado del lugar oculto en que la llevaba guardada durante... no sé, bastantes años. No es a ellas a quienes odio y a las que me gustaría putear, sino al único culpable de todo mi sufrimiento. Quizá mi decisión no sea la más correcta. No obstante, sí la más efectiva.
        Mujeres, mujeres y mujeres. Toma mujeres ahora.
        Como bien he dicho, tuve la suerte de conocer a unas cuantas chicas. Así calculando... Creo que sí, unas seis u ocho al mes; aparecían, las cuidaba, daba todo mi cariño y, en el momento de querer marcharse para siempre al no desearme, no pudieron, yo me encargué de retenerlas. Como me ha sido imposible guardarlas intactas, me he tomado la libertad de quedarme con un pedazo de cada una: su cabeza. Sí, tengo la de todas en mi poder. (Jajajaja). Sus impávidos y desmejorados rostros me miran sin vida aunque alimentándose de la sangre que escurre por ellos; todas fueron bonitas, pero no tanto como lo soy yo. Las retengo, sin embargo soy bueno, ese es el problema que ha hecho que me rompa en pedazos una y mil veces, que me enfurezca y que, provocado por una rabia invisible que me domina apoderándose de mí al completo, enloquezca y no haya quien me pare.
Toda mi frustración podría eliminarse con un sencillo "basta", algo así llamado "fuerza de voluntad", pero nunca llegó, y no llegará, ahora seré yo quien se encargue de no buscarlo, sino de culminarlo de una vez por todas... ¿Me acompañas en mi final? Te prometo que será divertido y las chicas quedarán libres, sanas y salvas. No tengas prisa por entenderme, todo a su debido tiempo.
¿Recuerdas esas cuatro paredes que no dejo de golpear? Pues insisto en aporrearlas con fuerza, con una fuerza interior que me caracteriza; derramo sangre, litros de un cálido rojo que desprendo —como siempre—urgido a completar dicha acción. No me preguntes cómo porque ni yo mismo lo sé, simplemente lo vengo haciendo desde mi primer día de vida: primero muy deprisa, luego más pausado, después algo más acelerado, más tarde con calma y ahora una vez más (deseoso de terminar, por fin) de nuevo a máxima velocidad.
        Podría decirse que las fuerzas de mis golpes retumban como si mi cuerpo estuviese diseñado con el material de un tambor, y que cada vez que arremeto con energía, un eco invisible y más repetitivo que cualquiera de los que conozcas se adueña de todo su alrededor petrificando a lo más vivaz; de hecho, la hora de paralizar ha llegado.
Voy a hacerme daño, pero juro que no me importa al saber lo que me depara mi satisfactorio final. La bomba de relojería decide explotar, y esa soy yo; dispongo de muy poco tiempo para que me recuerdes, por ello espero que pueda explicarte qué es lo que soy y cuál es mi verdadera función. Bien mirado, tal vez no haga falta. Creo que a buen entendedor pocas palabras... Mi dueño (si puede llamársele así) oye pero no escucha, y no siente, ya que soy yo quien ha sentido por él durante toda su vida. Sin embargo por una vez —y solo por una— ambos nos fusionamos en una recíproca y dolorosa sensación mortal; él oprime su angustioso pecho con la mano derecha, la única que continúa funcionando aunque con sobreesfuerzo mientras yo me encargo de hacerlo tambalear, de que le falte el aire y que boquee como un pez fuera del agua. Agoniza pensando en su miserable vida, y es curioso que recuerde de una pasada todo con lo que yo llevo conviviendo durante mi existencia.
         Dije que tenía mucho poder, tanto como para provocar infartos y una muerte repentina; dije que golpeaba con fuerza cuatro paredes que, bien miradas, una caja torácica también las posee. Y dije que era bueno a pesar de conservar conmigo un centenar de cabezas femeninas. Ahora sabes que solo eran recuerdos incrustados en mí, en un órgano vital que, además de soportar un sufrimiento inmerecido he tenido que morderme mis labios ficticios cada vez que a mi "dueño" le decían sin merecérselo, siendo yo el único que lo merecía y al que en verdad se referían: "Te quiero, corazón".

José Losada



 




martes, 1 de diciembre de 2015

RESEÑA: Semillas de Cthulhu, de José F. Sastre García

  
Semillas de Cthulhu es un libro que incluye seis relatos escritos por José Francisco Sastre García. En las 208 páginas que completan dicho libro, el autor rinde homenaje a uno de los maestros indiscutibles de la narrativa de terror y ciencia ficción: H. P. Lovecraft, además de que es uno de sus ídolos; narra seis historias aterradoras, alguna de ellas partiendo como base general del diario personal del protagonista.

            Relatos cortos pero apasionantes, de fácil lectura y con una amplia dosis de fuerza para llevarte al lugar exacto en donde se narra la historia.

            Voy a dar un breve paso, un pequeño avance de cada uno de los relatos que, como a mí, os encantarán. Además contaré mi propia visión de las historias.


1-El final del camino


Es Lovecraft en estado puro. Léelo y me darás la razón.

            El protagonista de la historia también tiene mucho que ver con el genio de la narrativa al cual rinde homenaje el autor. Su mente ha sido acosada por dicho genio, y su afán por recorrer parte de lo descrito por Lovecraft lo lleva directo a vivir la peor de las pesadillas que puedes llegar a imaginar.

            La narración es asombrosa, y se desarrolla en la ciudad sin nombre de los desiertos árabes.


2-La semilla


Hacía mucho tiempo que un relato no me transportaba al lugar exacto en donde se desarrollan los hechos narrados, este sí. Bien es cierto que con “El final del camino” me he sentido el protagonista de la historia mientras lo leía, viviendo frase a frase al devorarlo. Pero con “La semilla”, durante sus 11 páginas y media no me sentí capaz de despegar la vista del papel.

            El autor comienza describiendo a Martín (protagonista verdadero de la historia). Ya con la calidad que muestra detallándolo, me dije: José, este te va a gustar. No me gustó, sino que me encantó. Me vi en el Paraíso, al lado de Adán y Eva, los tres pecando al tomar la fruta prohibida; y también me vi con José Francisco, dándole la enhorabuena antes que las buenas tardes. A ti, su lector, no te defraudará.


3-En las salas de los reyes perdidos


Alberto, un hombre obsesionado con la Atlántida y los textos que de esta dejó escritos Platón, ve cumplido el mayor de sus sueños cuando entra a formar parte de la Fundación Costeau y parte a una expedición que explorará el fondo del Atlántico, descubriendo cosas que hubiera preferido no encontrar.


4-La sombra de Horus


Trata sobre los hechos transcurridos en el diario del profesor Stone. Allí se explica con detalle su día a día hasta que vuelve a tomar partida el protagonista de la historia, quien la cuenta desde el inicio.

            Muy buena narración de ficción, y muy buenos personajes que, además de conseguir mantenerte enfrascado en la lectura, te aportan información. Yo desde que lo leí he visto al Dios Horus de una manera bastante distinta a la habitual.


5-Del negro vacío


Todo comienza cuando en una noche de verano, una pareja disfruta de las bonitas vistas de las estrellas. Jaime y Laura, después de pasar una estupenda velada, denotan algo extraño merodeando por el cielo. Ambos discuten sobre si lo que va aumentando la intensidad de su luz es en verdad una estrella fugaz o, por el contrario, algo anómalo a lo que prestar debida atención. Al final el hombre contempla en soledad el resultado y sale de dudas…

            Lo que llega del cielo desempeñará un papel fundamental en la historia que nos ofrece el autor.

            Ahora te toca a ti descubrir lo que se oculta detrás de un hecho aparentemente tan simple.


6-La puerta en el cielo


Narra el diario de Jerónimo Casavieja, un solitario hombre del que la gente sabe muy poco, y al que su vida da un giro completo cuando en su mente aflora un repentino sueño. En él ve una serie de imágenes que se repiten a lo largo de las noches. Asombrado por dichos episodios, busca información acerca de lo que ocurre, llegando incluso a pensar que está loco.

            Con este sexto y último relato, el autor remata su particular homenaje a Lovecraft aportando una mayor información a sus cinco anteriores historias. Cada una de ellas me ha gustado, y es muy probable (seguro) que con el tiempo relea este magnífico libro.

jueves, 2 de julio de 2015

Nuevos premios

Hola a tod@s, una vez más me siento agradecido; he vuelto a ser nominado, una nominación triple. Gracias a Zoraida, Thelma y José Francisco por nominarme. Gracias, amigos.




Lista de nominados para el premio

1-El escritorio del búho elescritoriodelbuho.blogspot.com


2-José Francisco Sastre García josefranciscosastregarcia.blogspot.com


3-El gato de monique elgatodemonique.blogspot.com


4-En el universo de una estrella errante zoraidaamo.blogspot.com


5-El averno de Ainhoa elavernodeainhoa.blogspot.com


6-Con T de tópico contdetopico.wordpress.com


7-Relatos de Hada relatosdehada.blogspot.com


8-Alma sin destino http://frankspoiler.blogspot.com.es/


9-Despertando emociones despertandoemociones.wordpress.com


10-Escritora de novela sandraestevezcalvar.blogspot.com




Suerte y gracias. Un cordial saludo terrorífico :)













lunes, 4 de mayo de 2015

Premios y nominados

Hola a tod@s. Nueva entrada en referencia a los premios que venimos recibiendo los amantes de la escritura y lectura. He vuelto a ser nominado, esta vez en distintos premios: (Dardos; Parabatais y Black Wolf)


Gracias a Claudia http://cosorongosraros2.blogspot.com.es/


Gracias a Thelma http://elescritoriodelbuho.blogspot.com.es/ y que además hoy es su cumpleaños. ¡Felicidades!


Gracias Amparo http://almadesilencio.blogspot.com.es/


En primer lugar quiero nominar a cinco personas para el premio Dardos, y son las siguientes:




1- José Francisco Sastre García http://www.josefranciscosastregarcia.es/


2- Reflexiones de un unicornio http://dobleraciondepurpurina.blogspot.com.es/


3-Los libros de Dánae http://loslibrosdedanae.blogspot.com.es/


4-El averno de Ainhoa http://elavernodeainhoa.blogspot.com.es/


5-Vistiendo sonrisas https://cristinalopezmantas.wordpress.com/










En segundo lugar me gustaría nominar a otras tres personas para el premio Parabais, justo a las tres que me han nominado a mí para los tres premios, y son estas (aunque ya las conocéis)




1-El escritorio del búho http://elescritoriodelbuho.blogspot.com.es/


2-Cuentos, libros y algo más http://cosorongosraros2.blogspot.com.es/


3-Alma de silencio http://almadesilencio.blogspot.com.es/ 








Y en último lugar a seis personas para el Black Wolf. Seis diferentes a las de la otra vez.




1-Lo juro por mi tatuaje http://lojuropormitatuaje.blogspot.com.es/


2-Cómo ser un ninja http://comoserunninja.blogspot.com.es/?m=0


3-Reflexiones de una optimista demasiado informada http://optimistainformada.blogspot.com.es/


4-El universo de una estrella errante http://zoraidaamo.blogspot.com.es/


5-Cómo escapar de los zombies http://comoescapardeloszombies.com/


6-María Parra escritora http://mariaparraescritora.blogspot.com.es/

¡Muchas suerte a tod@s!

martes, 14 de abril de 2015

Premio BLACK WOLF BLOGGER AWARD






Éstas son las bases del premio.

1. Poner la imagen del premio.

2. Escribir y publicar lo que sientas, lo que te motiva este premio y agradecer públicamente a quien te nominó.

3. Nominar a 15 blogs al premio.

4. Notificar a quien has nominado.





Estoy nominado. Me siento como a las puertas de abandonar la academia... Bromas aparte; esta es mi primera nominación a los premios Black Wolf. Gracias Anna. Antes de esta nominación fui nominado para el premio dardos (ahí sí que fue mi primera vez) Gracias Thelma.
        Y ahora me toca a mí nominar. Creo que las chicas ganan por goleada en esta nominación. (Es que las chicas son chicas) Bromas aparte una vez más. He nominado a las 15 personas que he leído, a las que he entrado en sus blogs y me han gustado. Hay escritos verdaderamente brillantes; mucho talento y os recomiendo que paséis por cada uno de estos blogs, no os defraudarán. Son de terror, amor (sí, yo los leo alguna vez porque en el fondo soy muy tierno, pero guardadme el secreto los 15) historias de la vida misma...
        Mucha suerte a todos.
        Gracias y recibid un cordial saludo terrorífico.


Nominados
1-El averno de Ainhoa


2- Es escritorio Búho


3-Cuentos, libros y algo más
4-Vistiendo sonrisas


5-Literatura para tarados


6-Oda a la ironía


7-Mil mundos de papel


8-El cuaderno de Clover


9-Lo que sucede


10-Telescopios bisiestos


11-La obsesión de Naya


12-Historias del atardecer


13-Viviendo en nuestro cuento


14-Alma de silencio


15-Jose Francisco Sastre García






viernes, 20 de marzo de 2015

Lanzamiento de "Leyendas del averno" Ainhoa Gallardo

 


     

 Magnífica  novela de fantasía-terror con aportes de varios géneros; una historia digna de ser leída. Yo, entre otros,ya he tenido el placer de conocerla y, por ello la recomiendo con mucho gusto. Escrita por Ainhoa Gallardo, conocerás la historia de Keydara y un montón de personajes que, como su principal protagonista, te acompañarán en una fantástica aventura que no querrás perderte. Una vez que hayas leído la primera página no pararás hasta el final (a mí me ocurrió); ha conseguido que la devore sin descanso, ahora es tu turno. Recomendable 100%

martes, 24 de febrero de 2015

Miedo a la muerte


MIEDO A LA MUERTE

Homenaje a Edgar Allan Poe

                           

Anselmo volvía a bajar allí. Hacía años que no lo hacía, pero esta vez no le quedaba más remedio que seguir el instinto de su intranquila curiosidad. Su obsesión por dejarlo todo bajo control para no ser enterrado vivo llegó hasta el punto de cometer una grandísima locura: una profanación. No era consciente de encontrarse ante la puerta que ocultaba el cadáver de su difunto padre. Sabía que en aquel mausoleo guardaban los restos de su progenitor, y siempre lo supo, sin embargo no era consciente a la hora de querer abrirlo solo para calmar sus nervios y darse la razón. El difunto no querría que lo molestasen. Según Anselmo, su padre había muerto dos veces: una a la vista de todos y otra en soledad, cuando ya no tuvo opción de abrir la caja del ataúd y salir al exterior. Precisamente él quería evitar que lo dieran por muerto, como a su padre; por ello tenía que abrir la puerta y enseñarle a su esposa el macabro esbozo de sufrimiento que reflejaba la cara del cuerpo yaciente. Tenía que reflejarlo.

-¡Atenta! – anunció -. Quiero que te fijes bien en el rostro de mi padre. Si algún día ves que yo tengo esa misma mueca en mi rostro aparentemente muerto para el mundo, no me entierres, te lo suplico.

-¿Estás seguro de querer verlo?, sabes que sufres del corazón y el mínimo susto podría llevarte adonde tanto temes.

-También sé que sufro de catalepsia, y con esa enfermedad los médicos tomamos a la gente por muerta cuando en verdad está viva. No se respira, no se mueve un solo músculo, pero se escucha todo sin poder articular palabra ni gesto. Tú misma has presenciado dos ataques míos de catalepsia… Tengo que hacerlo – añadió y abrió la puerta.

No hubo tiempo de visualizar el cadáver porque este se hallaba nada más abrir, apoyado en la puerta en vez de descansar en el interior del ataúd. Cayó en brazos de Anselmo, y también él, perdiendo el conocimiento por el terrible susto. Matilde – la esposa – miró el cuerpo muerto de su marido.

-Te lo avisé, y gracias al cuerpo de tu padre - que yo misma coloqué en la puerta para que te asustaras- , no me has hecho caso y ahora sí, has muerto. Esta vez sí – se dijo con una malévola sonrisa.

Se giró para salir de la cripta e ir en busca del dueño de pompas fúnebres para que recogiera el cuerpo. Quiso salir, pero un golpe en la cabeza se lo impidió.


Matilde despertó pasados quince minutos. Cuando lo hizo, se vio en el interior del ataúd que Anselmo se había preparado para el día de su muerte. Aturdida, intentó frotarse los ojos para ver con claridad en dónde se encontraba, pero notó que no podía hacerlo, estaba atada de pies y manos.

-Anselmo, ¿por qué estoy atada? ¿Qué hago aquí?- le preguntó al ver que él la contemplaba, sentado a su lado, sonriente.

-Querida, además de médico soy inteligente, si no, jamás hubiera conseguido diseñar este método que me permitiría salvarme en caso de morir. Por eso te digo que noté tu plan, ya era descarado. – Ella tiritaba -. Llevas meses poniéndome trampas para que mi corazón deje de latir de una vez por todas, enterrarme y quedarte con mi dinero.

-¡Jamás he…!

Él la calló con un gesto siseante.

-No malgastes fuerzas – siguió él –, y tampoco niegues lo evidente. Tú misma has confesado que colocaste el cadáver de mi padre en la puerta para darme un susto mortal.

-¿Qué quieres hacerme?- preguntó aterrada.

 -Lo mismo que quisiste hacerme tú, solo que de diferente forma.

-No te entiendo…

-Es muy sencillo. - Anselmo se incorporó -. Como tú no sufres de catalepsia no parecerás un cadáver, y mi intención es enterrarte consciente, por supuesto.

-¡No hablas en serio!

-Déjame terminar – Él se puso serio -. A mí sería fácil enterrarme mientras estoy vivo, pero como contigo no puedo hacerlo, mi cerebro ha vuelto a planear una brillante idea que no fallará. Te taparé la boca.

-¡No lo conseguirás! – gritó ella -. ¡Abrirán la tapa y verán que sigo viva! ¡Me sentirán!

-¿Abrir la tapa? – preguntó él, sonriente -. ¿Para qué iban a querer ver el cadáver cuando yo, un médico, ya he firmado tu defunción? – La enseñó el informe y ella abrió los ojos con espanto.

-Otra cosa… -Él hizo una pausa para aumentar el terror -. Tienes atadas las articulaciones de todo tu cuerpo y no puedes mover un solo músculo para que te escuchen, pero como todo en la vida puede fallar y permitirte dar un ligero golpe que descubra mi infalible plan – y cuando digo infalible es infalible -, lo he calculado todo minuciosamente. Imagina que una de las correas de tus pies se afloja y tú puedes dar una pequeña patada en la tapa, sería fácil, te escucharían y te sacarían; imagina que ocurre lo mismo con la de las manos y empiezas a dar porrazos. Te aseguro que no pasará, y no pasará porque serás la excepción de todos los cadáveres del Camposanto. Te enterraré bocabajo. – Matilde quiso chillar de horror pero una mordaza se lo impidió.

-¿Pensabas que mi gran idea solamente era taparte la boca? Qué lástima. Bocabajo tendrás las manos en la espalda y no las moverás en caso de fallo; lo mismo te digo con los pies, te será más difícil y no llegarás a golpear la superficie con el talón, ni siquiera rozar con la punta de los dedos la madera en la que vas tumbada. El reducido espacio no te permite  apenas hacer ruido. Sentirás caer la tierra mientras golpea el ataúd del que jamás saldrás, y además te dejaré los ojos abiertos para que aunque estés en la oscuridad los abras en algún momento y contemples el horror de vivir un entierro en vida, con la barbilla pegada a la madera de pino. Derramarás lágrimas angustiosas, asfixiantes. Solo eso… Ahora sabrás lo que es el miedo a que te entierren en vida, y también lo vivirás.

Anselmo la dio la vuelta y después tapó la caja.

-Chao.


En la noche se escuchó un quejido ahogado bajo las profundidades del Camposanto, fue el último suspiro que solo escuchó la propia Matilde, justo antes de morir asfixiada.


                                                          FIN      

                                                                        José Losada


sábado, 21 de febrero de 2015

Mi cara oculta

                                                             Mi cara oculta

                           




Este relato forma parte de un ejercicio basado en la película "La cara oculta"; son los mismos personajes a excepción de uno creado por mí, parte de la misma historia y contenidos de importancia... Tenía que elegir una película y crear un relato con sus personajes. Salió esto que podréis leer a continuación.



Adrián es un joven de veintiocho años, moreno, de ojos oscuros, barbado y un apasionado de la música. De hecho, acaban de nombrarle director de la orquesta "Bogotá", y está muy contento con su nuevo cargo. Por más que ama la música prefiere pasarse el resto de su vida dirigiendo que componiendo.
Tiene intención de casarse con Belén, de su misma edad y con la que además de compartir la vida también comparte color de pelo y de ojos. Lo de la música no, no todo el amor es perfecto. Aún no vive con ella, y sí con su madre, llamada Yolanda. Tiene sesenta años y lleva escribiendo desde los dieciocho; cualquier noticia que tenga que dar la escribe a ordenador, no se despega de él. Su cabello es de color grisáceo y destaca demasiada prepotencia. Ahora espera – entre nervios – la llegada de su hijo y futura nuera mientras escribe uno de sus tantos relatos de misterio.

     -Ya estamos aquí, mamá – anuncia Adrián. Ella responde a su hijo, a Belén ni la mira. No quiere a esa chica para su hijo. Belén ha topado con una suegra quejica, antipática y cruel. La aguanta desde el primer día, pero si no llega a ser porque quiere demasiado a Adrián, la mandaría a tomar Fanta.

    -¿Historia nueva? – pregunta Belén con ademán de simpatizar. Yolanda no deja de teclear y responde, sin mirarla:

     -Adri, hijo, cierra la puerta que parece que hay corriente. – Un esbozo falso es la siguiente respuesta, en Belén, un rechinar de dientes.

     -¿Puedo hablar un segundo contigo, Adrián? – le dice su novia.

     -Claro. Dime.

     -En privado.

     -Hala, hala, ve detrás de ella como un corderito – añade Yolanda.

     -Mamá, por favor…

    Adrián sigue a su chica, quien se había esfumado rabiosa.

    -No aguanto a tu madre. No sé si con esta van ya…

    -Diez o doce veces en año y medio – concretó él -. Sí, me lo has dicho. ¿Pero qué quieres? ¿La mato?

    -Yo te quiero mucho – siguió ella -, pero se me hace complicado estar a gusto delante de ella. Me odia. No quiere que estés conmigo…

    -Las madres son muy protectoras. Quiere lo mejor para mí, pero en este caso no comparto su idea.

    -¿Acaso yo no soy buena para ti?

    -Claro que sí. No he querido decir eso. Solo que… - Belén le miraba deseando que terminase la frase -. Es mi madre, Belén. No puedes ponerme entre la espada y la pared.

    -No te estoy dando a elegir, simplemente yo también quiero un poco de comodidad. Ella está en su casa, a gusto, tranquila… Yo soy la extraña, la que no pertenezco aquí. ¿Cómo crees que me siento? Te pido apoyo, nada más.

   -¡Pero ella es mi madre! – grita Adrián.

   -Y yo tu chica. Puedes tenernos a las dos si pones un poquito de tu parte. Hablar con ella no estaría nada mal.

    -No puedo cambiar el carácter de mi madre.

   -Estoy flipando…

    -Sabes que me ocurrió lo mismo con mi anterior pareja.

    -No me extraña – añadió Belén.

    -¡Vale ya! Me exiges pero eres tú la que no se da cuenta de nada. mi madre es la única persona en el mundo que jamás me abandonará. Las demás mujeres sois todas iguales.

    -¿Crees que no te abandonará? ¿Y que todas somos iguales? – Belén seguía alucinando -. El día menos pensado coge el portátil y se larga a una residencia. Quiere amargarte la vida, ¡pero solo piensa en ella! Piénsalo un poquito y verás que no te necesita para nada.

    -Piénsalo tú, Belén. Si me quisieras de verdad no estarías faltando a mi madre. – Adrián se fue.       Dejó a Belén en la puerta de aquella casa extraña para ella.

     La joven se sentía mal. Las últimas palabras de su chico le hicieron pensar, sentirse mal y darle la razón aunque no la tuviera.

    Que conste que lo hago por ti, pensó y entró en la casa.

    Yolanda seguía escribiendo, y su intención era seguir haciéndolo sin que nadie la molestara. Apartó la vista de la pantalla el único segundo necesario para divisar a Belén, y también ver que su hijo no entraba con ella. Por ello volvió a centrar la atención en su relato.

    -Yolanda, yo quería…

    Y en mitad de la noche, cuando todo el mundo dormía, una figura traslúcida pasó por la habitación de Héctor, crispando sus nervios hasta dejarlo abatido en un rincón. – Fue la contestación de Yolanda, leyendo su propia creación.

    -No me mires así, niña – siguió -. No te veo tan estúpida como para no entender que no quiero moscones a mi lado.

    -No soy…

    -Eres más bien lista – la interrumpió -. Quieres cazar a mi hijo, pero no lo mereces.

    -¡Basta ya! – gritó Belén -. ¡Es imposible con usted!

Se dio la vuelta, dando un respingo al ver su propia silueta en el espejo del salón. Lo había visto en otra ocasión, pero no le prestó tanta atención como ahora.

    -No lo mires tanto. Se necesitan muchas Belenes para pagar lo que vale – volvió a decir Yolanda.

Belén aferraba los puños llena de ira.

    -Aunque ahora que lo pienso… - siguió Yolanda -. ¿Adrián nunca te ha contado lo que esconde ese espejo?

    La chica no tenía ganas de responder, pero una vez más pensó en su novio, y dijo:

   -No.

   -Eso es porque no te ve importante para él. - Belén siguió aferrando los puños -. A Maica, su anterior pareja, sí se lo contó. Incluso lo vio. – La anciana se incorporó.

   -Es un simple espejo, señora. ¿Acaso esa tal Maica era tan bella que el cristal resplandecía con su silueta? No me haga reír.

   -Esa Maica se esconde detrás del espejo – respondió cuando Belén se había dado la vuelta para marcharse -. Un cuarto que el propio Adrián construyó para dormir con su amante, o quizá tú seas su amante… Todas las noches duerme con ella, y cuando os caséis, si esque todavía te quedan ganas de hacerlo, seguirá durmiendo con ella porque para eso ha construido el escondite. ¿Por qué crees que no quiero que estés con él? Porque no te necesita, ya tiene a Maica, que vale mucho más que tú.

    Belén no quería creerlo.

   -No la creo. Es su hijo. Nunca hablaría mal de él.

    La anciana apartó un libro de la estantería, sacó una llave y la introdujo en la cerradura que quedó a la vista. El espejo se abrió, dejando ver que en verdad había un escondite tras él. Belén miró anonadada. Yolanda no mentía, al menos a primera vista.

    -En el fondo me das pena. Yo soy una mujer, como tú, y me repatea que te dejes engañar.

    -Maica, tienes visita – añadió a voces.

    -¡No puede ser cierto! – gritó Belén y entró. Vio un habitáculo reducido, desde fuera parecía mayor. Contaba con un retrete, una ducha, un lavabo, un camastro y una estantería con tres libros.

Siguió mirando para hallar a Maica, pero cuando quiso volver a la realidad y darse cuenta de que la anciana la había engañado, sintió el estruendo que provocó el espejo al cerrarse.

Se dio la vuelta y vio a la anciana sonriendo a través de él.

    -¡Déjeme salir! – gritó aporreando el cristal, pero la anciana no podía escucharla. En cambio ella sí la podía escuchar.

    -Pero qué idiota eres y qué fácil me lo has puesto – empezó diciendo Yolanda -. Por fin me he desecho de ti. Un estorbo menos. No te preocupes, podrás seguir viendo a tu querido amor desde ahí dentro, y escucharlo. A tu derecha tienes un altavoz que te permite oír todo lo que hablemos mi hijo y yo, así como verle disfrutar en tu ausencia con alguna mujer que bien merezca la pena… Sin comida te calculo unos tres, máximo cuatro días de vida. Será suficiente para que Adrián encuentre una nueva chica.

    -¡Ábrame! – volvió a gritar Belén.

   -¿Mamá? – Adrián acababa de entrar.

    -Estoy aquí, hijo, a punto de acostarme.

   -¿No ha vuelto Belén?

    -Me gustaría decirte que no, pero sí lo ha hecho.

    -¿Y dónde está?

    -Vino a soltar por su boca todo lo que llevaba dentro. Después se fue. Esa chica es una víbora, ya te dije que no te merecía.

    -¿Pero qué ha dicho?

   -Aparte de insultarme… Que te deja, así, sin más. Aunque no te lo creas me duele decírtelo. Me he llevado un terrible disgusto.

    -¡No le hagas caso, Adrián! – gritaba Belén sin ser escuchada -. ¡Estoy aquí!

    -Ha sido tu culpa, mamá.

    -¿Cómo? – preguntó la anciana con el ceño fruncido.

    -No has parado hasta conseguirlo.

    -¿Qué dices? ¡Esa chica no vale nada a tu lado! Es mejor que se haya ido.

    -Esa chica es toda mi vida.

    -¡Pero no seas imbécil! ¡Con chicas así es mejor estar solo! Y al final te quedarás así. Si no sabes apreciar el amor de tu madre, cualquier día cojo el portátil y me largo a una residencia, de esa forma espabilarás. – Adrián se quedó pensando en esas palabras, justo las que le dijo Belén -. Te hablo enserio. Te dejo una nota escrita a ordenador encima de la mesa y listo. Te las apañas solo.

La anciana se fue a su habitación. Adrián quedó pensando. Belén sufriendo.



Tres días después, la anciana miraba por el espejo donde había encerrado a Belén. Los primeros dos días la chica no hacía más que dar golpes, y Yolanda lo sabía por la forma de sonar las tuberías, algo que Adrián no paró a pensar. Se extrañó al dar por muerta tan temprano a la joven, por ello aprovechó que su hijo se hallaba trabajando para abrir el zulo y entrar en él. Estaba oscuro. Belén no tenía la luz encendida y eso también era raro. La habilidad de un joven siempre lleva ventaja, por ello la chica pudo salir sin apenas ser vista por Yolanda. Belén cerró el espejo dejándola dentro.

   -¡Qué haces! ¡Abre inmediatamente!

    La joven quitó la llave de la estantería y se la guardó.

   -¿Quién de las dos se lo ha puesto fácil a la otra? Desde que la conozco no ha dejado de hablar y hablar, y como bien dijo: lo he escuchado todo. – La anciana quedó lívida al intuir las intenciones de la chica -. Prácticamente se ha despedido de su hijo, simplemente tendré que hacérselo saber en una nota escrita a ordenador, una nota que creerá ha escrito usted. Solo hay un estorbo aquí, y ese eres tú, que no mereces ni que te tenga respeto a la hora de nombrarte.

    -¡Hija, es el afán de una madre! No me lo tengas en cuenta.

    -Hasta siempre.

   Belén escribió la nota, la imprimió y dejó sobre la mesa. Después, cogió el portátil y saludó al espejo antes de irse.

   -¡Vuelve! – vociferó la anciana.

   Adrián llegó dos horas después, vio la nota y volvió a darse cuenta de que Belén tenía razón en todo.


FIN

José Losada 

 

 

 

viernes, 20 de febrero de 2015

Uno más en la habitación

                                               Uno más en la habitación




Son las siete de la mañana de un día invernal, hora en que el despertador de Natalia suena indicando un nuevo día en su vida. Perezosa, se frota los ojos y bosteza, farfullando disconformidad por tener que levantarse. Ya de por sí tiene muy mal carácter; por las mañanas aumenta, y hasta prácticamente las doce del mediodía no se relaciona con nadie. En la facultad ya lo saben y por ello no abren la boca hasta esa hora.

Se incorpora y mira la ventana. Intuye que se avecina una fuerte tormenta, un ingrediente más para aumentar su rabia. Tiene por delante 48h de trabajo duro, aguantar pacientes quejicas a los que apenas puede tomar la tensión; es residente, y según ella a todos los tratan como niños pequeños.

    Qué ganas de terminar y tener mi propia consulta, pensó y se levantó.

Todavía tenía los ojos obnubilados, pero no le hacía falta ver las zapatillas en las que metía los pies para darse cuenta de que algo raro sucedía.Se quedó extrañada, pensativa. Intentó no darlo importancia y dar un paso directa hacia el baño. Ese preciso paso fue el decisivo para volver a lo extraño. Las zapatillas le quedaban enormes.

    -¿Qué pasa? – se preguntó -. ¿Acaso sigo soñando?

No tenía por costumbre encender la luz de la habitación nada más levantarse. Sus primeros pasos siempre iban hacia el baño y, al conocerse de memoria el piso, lo veía una bobada. También intervenía el ser bastante agarrada. Pensaba que con tener que pagar el alquiler ya era suficiente. Había que evitar gastos innecesarios, sin embargo esta vez no tuvo más remedio que encender la lamparita de la mesilla y así ver claramente qué sucedía.

Pudo ver perfectamente que sus zapatillas seguían allí, como siempre, al lado de la cama, solo que las que llevaba puestas no eran de ella.

     -Qué… - Quiso continuar, pero un terror meditabundo se lo impidió.

No podía evitar la intranquilidad. Lo normal sería despertarse sola, como todos los días; no vive con nadie más y no recordaba haber compartido la noche con ningún chico.

No movía el cuerpo, pero sí giraba la cabeza intentando divisar algo con lo que obtener una respuesta a lo que ocurría. No había nada ni nadie. Lo único nuevo eran las zapatillas.

El terror se apoderó de ella y se las quitó soltando una patada. Se sentó sobre la cama mientras se mordía las uñas. El ruido del somier se unió a su pensamiento, pero esta vez no quería hacerle caso.

La mente parecía decirle: Natalia, agáchate y mira debajo de la cama. Si hay alguien más en la habitación tiene que esconderse allí.

No era capaz de hacerlo. Cabía la posibilidad de que efectivamente el dueño o dueña de las zapatillas estuviera allí escondido, sí, pero no quería comprobarlo. También podía hallarse en otra parte de la casa, esperarla en el baño, esconderse tras el sofá o tras la puerta de la cocina, donde precisamente tenía el móvil cargándose, como lo dejaba todas las noches. Ahora se arrepentía de no tenerlo a mano.

Algo tenía que hacer, no podía quedarse de brazos cruzados.

Volvió a incorporarse rápidamente. Corrió hasta la puerta sin importarle meter ruido, ni siquiera lo pensó. Desde allí, se agachó con sigilo y miró bajo la cama a distancia. Aparte de sus verdaderas zapatillas no había nada más. Bajo la cama no, pero sí detrás de ella. Vio pasar una sombra fulminante. Se detuvo justo a su espalda.

Le gustaba mucho la cardiología, y había pensado especializarse en ello, pero jamás se había planteado hasta dónde aguantaría un corazón con un latido tan acelerado como el que ahora tenía. La respiración cesó por momentos, pero la taquicardia era inminente.

     -Qui… ¿Quién puede ser? – pensó atropelladamente.

En esos momentos de tensión sí fue capaz de recordar haber visto una sombra similar en la noche. Ella pensó que se trataba de un sueño mientras dormitaba. Ahora sabía que no, que era real.

Tenía que darse la vuelta, quedándose petrificada no evitaría el peligro; la respiración volvió, jadeante, pero de la que pudo conseguir tomar algo de aire a modo de fuerza necesaria. Después se dio la vuelta, muy despacio y rígida, con los ojos desorbitados. Ante ella, en mitad de una luz tenue que parecía alejarse por completo de la habitación, halló el rostro del horror. Se trataba de un hombre, alguien a quien hacía años que no veía y ni siquiera echaba en falta: su padre.

Los ojos desorbitados fueron cambiando de forma mientras sus párpados se entrecerraban acompañando a una expresión de odio, con el ceño fruncido. En vez de preguntarse cómo había llegado él allí, prefirió preguntarle:

    -¿Qué haces aquí?

    -Hija…

    -¿Te largaste hace más de diez años, y ahora vienes a mi casa, entrando como un ladrón? – le interrumpió.

     -Jamás le he robado nada a nadie. No soy un ladrón

     -Me robaste parte de mi vida. Creo que es suficiente. Vete de aquí y déjame pasar, tengo que ir a trabajar.

    -Escúchame un momento, por favor.

    -¡He dicho que te vayas! – le gritó.

    -No recuerdas esas zapatillas, ¿verdad? – La pregunta pilló a Natalia por sorpresa. Esperaba una contestación, pero no esa pregunta. De todos modos surgió efecto porque se detuvo a pensar en ellas -. De pequeña te encantaba ponértelas – continuó el padre -. Te caías y levantabas una y mil veces. Era muy cómico verte con ellas.

    -¿A qué vienes? ¡Qué quieres ahora! – volvió a gritarle. Su orgullo no la dejaba reconocer que le seguía queriendo, y siempre le quiso.

    -Vengo a regalarte las zapatillas. – La cara de ella volvió a ser de sorpresa -. Pero sobre todo a verte.

    -Pues gracias y adiós.

    -Hija…

    -¿Ahora soy hija? ¡Que te fuiste de mi vida! ¡Jamás te importe!

    -Más que nada en el mundo – aseguró él.

   -¿Sí? – respondió irónica -. No se notó. Una niña recuerda siempre el último beso de su padre, el de despedida que jamás me diste.

    -Quiero hablarte de eso. Escúchame.

    -Ya te he escuchado bastante. Vete.

    -Cuando me vaya te arrepentirás. Escucha, por favor.

     -¡He dicho que te largues! Yo también te lo pido por favor.

Natalia agachó la cabeza esperando que su padre se fuera, y así lo hizo. Cuando levantó la vista ya no estaba allí. No salió por la puerta, solo desapareció. Ella quedó asombrada, intuyendo lo que ocurría y pidiendo seguir siendo incrédula.

    -¿Pa… pá? – preguntó a la nada, emocionada de miedo y pena al mismo tiempo.

     -He intentado explicártelo, pero no me has dejado y mi tiempo ha terminado – dijo una voz -. Estaría días enteros dándote besos, pero no puedo, y cuando les quisiste no pude. Te dijeron que tu papá había hecho un largo viaje, ahora puedes darte cuenta que era eterno… La última vez que te vi no querías separarte de mis zapatillas. Ahora son tuyas. Póntelas, te protegerán siempre.

La chica volvió a sentarse sobre la cama, derrumbada. La voz de su padre cesó.

Natalia siguió llorando. Una de sus lágrimas cayó impactando sobre la zapatilla derecha. El rostro de su padre se reflejó en ella, sonriendo. Ella cogió la zapatilla, y solo veía allí el rostro de su difunto padre, iluminado. Lo besó.

     -Perdóname, papá. Nunca me perdonaré el no haberte escuchado. Tendría que besar el suelo por donde pisas, y como no pienso separarme de tus zapatillas, podré hacerlo, porque será como si tú siguieras pisando mientras camine con ellas.


                                                                    FIN


José Losada