lunes, 10 de abril de 2017

Soy un chico malo (erótico)

                                   

Sí, que sí.
Les tengo dicho a los del taller que nada de relatos eróticos, que no me gustan. No los leo y no los he escrito en mi vida. Bueno, no los había escrito en mi vida. Este el primero, pero no el último. Me he propuesto el reto de escribir dos: uno versión chico (este) y otro versión chica. El mismo relato pero contado por diferentes personajes.
Quienes me leéis habitualmente sabéis que mi intención es hacer sentir, y que lo recalco mucho todo a base de profundizar en lo que va ocurriendo. Con esto es lo mismo. No tengo intención de que nadie se excite (ya me encargado de remediarlo metiendo un toque de estilo personal por casi toda la historia), sino que sienta y diga: es verdad, ocurre esto.
Ahora es cuando me dirijo solo a ti y te digo: si lo he hecho bien, lo sentirás (no me digas de qué manera), y si lo he hecho mal, perdóname. Es el primer relato erótico que escribo, y solo tengo intención de escribir dos como reto personal. El otro aún es más difícil porque por más que quiera contar lo que siente una chica, es imposible. Me puedo acercar, pero no lo conseguiré en la vida.
Vuelvo a todos.
Más adelante lo pondré en el blog del amor, aunque he asesinado a Santiago Bernal hace unas semanas. Ya no existe y tampoco tengo intención de resucitarlo, pero lo ofrezco primero aquí porque en este blog lo leerá alguien más.
Espero que os guste. La gente que me conoce va a flipar cuando se entere que he escrito un relato erótico. Es que no quería ni olerlos, pero aquí está. Me picaba la curiosidad y me encantan los retos.
Digo que no y luego que sí porque soy un chico malo.
Gracias.




Pasamos a la habitación. Las persianas están bajadas y el ambiente es silencioso; lo único que se escucha es el sonido de nuestra ajetreada respiración mientras nos adentramos por el habitáculo del placer.


            Ella camina a tientas delante de mí. Mis manos cubren su vista para no estropearle la sorpresa. Noto cómo sus ojos revolotean nerviosos, y eso hace que la suave piel de los párpados se comporte inquieta frente a mis yemas.


            Camino un poco, descalzo, solo con el calzoncillo como única prenda. Mis muslos golpean los cachetes de su trasero en pompa. Lleva una ligera y fina braguita, y eso hace que mis piernas noten cómo su carne se bambolea al movimiento. Mi entrepierna da el aviso. El juguete se cansa de permanecer dormido y pide guerra. Empieza a crecer y elevarse. El capullo abre camino arrastrando la piel que lo estorba. Mi nena se estremece cuando siente que mi miembro obstaculiza su división trasera. Este, entre sacudidas intermitentes, empieza a latir como un corazón.


            Dejando escapar una bocanada de aire incontrolable, susurro en su oído:


            -Aún no abras los ojos.


            Vuelvo a soltar aire demasiado caliente, y mientras beso su hombro desnudo, el miembro me vuelve a protestar. Pide que le quite de una vez la prenda que estorba su función. Quiere entrar dentro de ella, ¡y entrar ya!


            -Quitaré las manos -vuelvo a decir, respirando forzosamente-, pero no abras los ojos hasta que no te lo diga.


            Responde con un "huhúm" al mismo tiempo que retrasa sus manos y las coloca en mis piernas. Las desliza rápido y las vuelve a subir. Está muy nerviosa. También respira con ajetreo, sin dejar de moverse.


            -No te muevas -digo a la vez que aparto mis manos de sus ojos y las llevo hacia su tripa. Vuelve a estremecerse cuando nota el contacto de mis dedos en su barriga, y entonces el ombligo me los golpea como si de pronto hubiese ganado dos kilos más.


            Mis manos notan su piel como si estuviera llena de granitos. Su abdomen copia el movimiento de mi pene al sacudir con fuerza, lo que hace que este se endurezca más y la llamada de alerta me diga que quiere entrar, ¡que vamos!


            ¡Vamos, tío! ¿A qué coño esperas? Y valga la redundancia. ¡¡Déjame entrar ya!!


            Pero es pronto. Toca jugar.


            -Ya puede abrirlos -susurro.


            Me hace caso y recibe al mundo en lo que vuelvo a besar uno de sus hombros desnudos. –Viste una fina camiseta de color blanco. Y ya estás tardando en quitársela, me dice la cabeza. Lo que no tengo muy claro es si me lo dice la de arriba o me lo ordena la de abajo. Las braguitas cubren el objetivo de mi inquietud. ¡Bájaselas ya!


            La habitación está llena de velas rojas. El cabecero de la cama deja de ser madera para mostrar un corazón de luces. Hay pétalos de rosa repartidos por el colchón.


            Busco las manos de mi nena para entrelazar mis dedos con los suyos, y después tiro con suavidad de sus brazos para abrirlos en cruz.


            -Estás crucificada, pecadora –susurro en su oído para acto seguido recorrer a besos el lateral de su cuello.


            Cierra la cruz llevando nuestras manos hacia su sexo, pero me detengo antes de que me haga tocárselo.


            -A-a-a –Se enrabieta al ver que me freno-. No tan deprisa, jovencita. Estoy bastante juguetón.


            Beso su cuello; levanta la cabeza y su melena se apelmaza en mi hombro izquierdo. Veo cómo dobla las piernas; y cuando suelto sus manos y empiezo a subir las mías de la barriga hacia arriba, vuelve a estremecerse mientras sus senos botan como si fueran dos flanes. Sé que quiere que se los toque, pero he dicho que es hora de jugar.


            Mete mano de una vez, palurdo. ¡Mete mano y méteme a mí! Méteme ya, cabronazo. No juegues más.  


            Lleva las manos a mi cabeza, y allí se entretiene a jugar con mi cabello mientras yo juego con su cuerpo. Cuando voy a llegar a sus senos, bajo de nuevo, escapándome hacia más abajo de las caderas.


            Escucho un gemido mientras atrapo la gomita de las bragas; tiro de esta y se las bajo hasta la altura de las rodillas. Subo las manos para alcanzar los senos, pero no los toco, sino que me detengo donde terminan. Vuelve a estremecerse al pensar que voy a acariciárselos. Pero no. He dicho que toca ser un chico malo.


            ¡Me cago en la madre que te parió! -Esta vez me debato entre tres cabezas: la mía de arriba, la mía de abajo y la de mi nena.


            Voy bajando. Recorro sus curvas como si mis manos fueran vehículos circulando muy despacio por la carretera. Al llegar a las caderas, me adentro hacia su sexo. Cuando la punta de mis dedos parece resbalar por la humedad que los rodea, los retiro para subir a la frente.


            Agg… ¡Qué grandísimo hijo de puta…!


            Ella se retuerce y protesta, cosa que me encanta. A mí y a mi juguete, quien vuelve a hacerse notar con un impulso en busca del placer.


            Bajo un poco la cabeza de mi nena, retiro la melena a un lado y empiezo a recorrer el cuello desnudo a base de pequeños besos, muy muy suaves. No puede estarse quieta por más que se lo pido. Sus piernas tiemblan de la misma forma que temblarían de estar orinándose. Está muy pero que muy nerviosa, y ese es mi objetivo.


            El mío es tomarme libertad y dejarte en ridículo a la primera. ¡¡Me estás jodiendo a mí, no a ella!!  


            Cuando mis labios llegan a la mitad de su espalda, se tensa como un arco; y entonces sí, sin que lo espere, mis manos atrapan sus senos. ¡¡Bravo!! Por fin, hijo. Se dobla al no esperarlo, y automáticamente se toca su sexo. Masajeo a sus dos amigas a mi antojo. Ella no sabe qué hacer.


            Se muerde los labios mientras mueve la cabeza a un lado y a otro. Sube y baja, indecisa y alocada. Sin darse cuenta, consigue que mi pene se frote con su trasero. Siento cómo se desliza. El capullo es puro fuego y escupe una gotita con intención de refrescar el ambiente, pero es tan cálida como el estado de mi miembro al completo.


            Ella se dobla. Me puede y cedo. La abrazo con pasión y deseo. Mi tiempo de juego se ve interrumpido por la frenética excitación. Mi juguetito ha enmudecido y solo sabe sentir. Aprieto los senos de mi nena mientras mi sexo queda estancado en su trasero. Deseo introducirlo cuanto antes, y sé que ella también quiere sentirlo dentro. Pero no puedo abandonar tan pronto.


            Abandona. ¡¡Ríndete!! Méteme. ¡¡Méteme yaaa!!


            »Tengo poder para que te rindas pronto. ¡¡Date por jodido!!


            Me quita las manos y se da la vuelta con rapidez. Me agarra del cuello y parece querer comerme a besos. Lleva una de sus manos a mi entrepierna y me atrapa el miembro con fuerza. Doy un respingo cuando mi juguete escupe una nueva gotita. Él se siente como si le estuvieran estrangulando, pero a mí me deja petrificado por completo.


            Te lo dije. ¿Quién ríe ahora?


            Yo, porque me encanta.


Me ha dado en mi punto débil. Tiene toda mi hombría en sus manos, y ahí, por mucho que intente defenderme, es imposible.


            -Vamos a ver qué tal se porta esto, chico malo -me dice antes de besarme con ahínco. Es un beso corto pero poderoso. Acto seguido, me baja el calzoncillo. Si con la prenda me sentía aprisionado, cuando me la agarra al desnudo me doy por jodido.


            Vas a sufrir tela marinera, por espabilado.


            Aprieta. Mi pene late abruptamente y parece que va a explotar. Crece unos milímetros más mientras echo la cabeza hacia atrás y miro al techo. Abro la boca como atontado y al mismo tiempo que siento cómo mi juguete se afana en desaprisionarse. Entre la mano de ella parece una pastilla de jabón que resbala al apretar la mitad de su cuerpo.


            Estoy húmedo y derrotado, y lo que parecía una pastilla de jabón empieza a resbalar de verdad arriba y abajo cuando ella mueve su mano.


            Sí, sí, ¡SÍIII!, jajajaja. ¡¡Me está meneando, cara pijo!!


            »Sigue, nena.


            Noto cómo pasa la punta de la lengua por la mitad de mi escroto, acariciando a los acompañantes de mi juguete con su húmeda amiga. La tensión se extingue y siento que voy a desvanecer. Me tiene a su entera disposición.


            Ups… Tengo ganas de vomitar, y lo voy a hacer para joderte.


            Me baja más la piel del pene y este parece señalarla a presión. Repite el mismo movimiento con la lengua, pero esta vez por el frenillo. Siento una especie de cosquilleo ardiente y empieza a picarme. Lo redondea con la lengua. Consigue que me vuelva loco de placer.


            -aaAHp... –Disparo. Me tiritan las piernas cuando se mete mi sexo en la boca. Se me escapa una gotita más de líquido, ¡pero es que me encanta! Vomito. Voy a vomitar-. Pa...ra -digo, con un escalofrío recorriendo mi cuerpo-. Para si no quieres que se acabe la fiesta


            Ella niega con la cabeza.


            -No, no, no...  -dice-. Nada de rendirse tan pronto, chico malo. Tienes que portarte bien.


            -¿Sí?


            Asiente.


            -Entonces, prepárate.


            La cojo sin apenas terminar de hablar y la llevo hasta la cama. Ambos caemos de golpe. Me gustaría ir más despacio, pero no me controlo.


            Bien… ¡¡BIEN!!


            Bajo a su sexo. Me agarra la cabeza y tira del cabello cuando se lo recorro con la lengua. Quiere que pase a mayores, pero me repito que soy un chico malo, muy muy malo.


Me entretengo con su clítoris, moviendo la lengua en círculos. Se la estoy devolviendo.


Está empapada. Comienza a gemir, y eso me hace acelerar los lametones.


            Vuelve a tirar de mi cabello con fuerza. No deja de retorcerse.


Paro. Me acerco a su boca y la beso con pasión; pero no quiere, quiere que siga dándole placer.


            Cambio la lengua por mis dedos. Coloco una mano debajo de su ombligo al mismo tiempo que introduzco dos dedos de la otra por su vagina. Vuelve a gemir, momento que aprovecho para moverlos: círculo círculo tirón hacia mí/ Círculo círculo tirón hacia mí/ Círculo círculo tirón hacia mí. Y así; y luego más, y más, y más…


            Gime tanto que no lo resisto. Mi juguetito dice que no somos dos, que somos tres, y que él también quiere participar.


            Claro que quiero participar. ¡¡Ya estás tardando en meterme!!


            Acerco el glande a los labios de la vagina. Me detengo un instante y miro a mi nena, quien me corresponde de igual forma. Respiro profundamente y empiezo a entrar en ella.


Siento algo parecido a cuando me agarró mi sexo rebelde. Apoyo las manos sobre la cama. Quiero que ella me mire a los ojos, pero no lo hace. Su cabeza se mueve a un lado y a otro, gimiendo como una loca. Yo también deseo hacer lo mismo, pero me contengo.


            Entrecruza las piernas sobre mi espalda y apoya las manos en mi nuca. Cada vez estoy más perdido.


            Muy perdido. Gano yo, colega.


            -Sig... Aah -Empieza a gritar-. Aahh aahh aah.


            Sus gemidos hacen que acelere más. Cuanto más deprisa voy, más lo disfruto, y aunque eso es bueno, también es muy malo.


            Sí porque estás jodido. Voy a vomitar de un momento a otro.


            -Me voy a correr -digo. Algo muy bonito pero difícil de reconocer. Nunca es buen momento para terminar, aunque pasen horas.


            Clavo las uñas en las sábanas. Tenso los dedos al mismo tiempo que empiezo a perder el ritmo.


            Me invade una especie de parálisis. Los huevos se endurecen hasta el punto de hacerme sentir una presión molesta pero placentera. Me cuesta respirar. Algo abrasante va subiendo. Es como que la vista deja de funcionar y se queda con la última imagen que ha visto. Noto un retortijón en la tripa al mismo tiempo que se me taponan los oídos. Mientras escucho como telón de fondo los gemidos de mi nena, el placer se centra en mi pene, donde un calambrazo tibio hace que este se rinda y suelte todo lo que ya no es capaz de contener. Convulsiona y se sacude a su antojo, lo que hace que todo mi cuerpo se vea urgido a seguirlo.


            Canelita en rama, pichafloja.


Veo la gloria; ella continúa gimiendo. Dejo toda mi fuerza en su interior, y entonces mi juguetito parece reírse de mí, regresando a su tamaño habitual, pero satisfecho.


Jijiji. Te dije que iba a joderte. No has durado una mierda.


-He ganado yo –protesto.


Sí, sí… Eso ya me lo dirás dentro de nueve meses.
             
            -¡Hostias! 

19 comentarios:

  1. Caray, José! Esto es muy diferente a lo que nos tienes acostumbrados...se nota que la Primavera la sangre altera. ¡Bravísimo!

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    1. Sí, me dio por ahí, jajajaja. Muchas gracias, Laura :) :)

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  2. ¡Qué juego más peligroso! Sin duda, es un chico muy malo (siempre, educada). Cabe suponer que tiene buena labia a juzgar por la pluma ;))
    Enhorabuena, José.

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    1. Muchas gracias, Míriam. No estoy hecho para esto, jajajaja. Dos, dos y no más. Echo de menos el terror :)

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  3. No me esperaba este tipo de relato pero acierto a decir que me ha gustado. No está nada mal viniendo de un autor que escribe terror. Felicidades, amigo

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    1. Muchas gracias, Sandra. Sabes que a mí tampoco me gustan, pero cuando se me mete una idea entre ceja y ceja sabea que soy muy burro. Tenía que escribirlo, jajaja

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  4. Es bueno, José. Enhorabuena. Pero prefiero los otros relatos. Ya sabes que lo mío no es el amor😂😂

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    1. Jajajajaja. Gracias, amigo. Sí, solo una vez más y lo demás ya terror. Palabrita de chico malo, digo bueno :)

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  5. Hola amigo , vaya jajaja me has sorprendido con tú relato más que nada pq desde que te sigo han sido de otro genero , pero me gusta , pq los buenos escritores deben escribir de todo y para ser tú primer relato erótico ( espero que no el último) no ha estado mal , sabes lo que ha gustado es la nota de humor que le pones conforme lo vas relatando , creo que es una historia como muy verdadera , a ver me explico es creíble , pues no metes elementos que sean imposibles y tú lenguaje es correcto sin entrar en lo soez , así pues enhorabuena José ajjaajja, a seguir subiendo la temperatura .
    Un fuerte abrazo .

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    1. Hola, amiga. Sí, jajaja, me ha dado la venada. No, no será el último, me queda la versión femenina, que será la más difícil, jajaja. Pero hasta ahí. Solo dos; esto no es lo mío, jajaja. La verdad es que me estáis dando comentarios muy positivos tanto en Twitter como aquí, y os lo agradezco mucho. Me habéis dado el aprobado, jajaja. Lo del lenguaje es cierto, pero no sé por qué me da que en la versión femenina hablarán un pelín peor, jajaja. Lo podrás leer pronto. Muchísimas gracias, siempre. Beso y abrazo para ti; y no, que ya está haciendo mucho calor estos días, jajajaja :)

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    1. Muchísimas gracias, Mireia. Me alegra estar aprobado, jajaja :)

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  7. Hola. Me ha gustado, por momento has despertado mi libido, pero darle voz a esa cabeza como que me lo ha cortado, me la imaginaba hablando y me partía de risas, aún así es portentosa. Gracias por compartir. Besos.

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    1. Muchas gracias, Isabel. Me alegra leer que te ha gustado. Lo escribí precisamente así para cortar el rollo, porque no he intentado excitar, solo reflejar lo que siente el cuerpo de un chico al mantener relaciones sexuales. El relato de la chica también tiene algo que lo corta, pero es más fuerte que este. Lo pondré en breve. ¡¡Gracias!! Besos

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  8. ¡Oh! Qué grata sorpresa. Era imposible imaginar que escribieras este tipo de relatos. Me ha gustado mucho, la verdad. Tendrías que proponerte hacer un nuevo blog, de erótica. Es broma, sé que no lo harías. Cada escritor tiene sus preferencias, pero... No está de más experimentar cosas nuevas. Ahí lo dejo. Un abrazo enorme.

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    1. No,no y no, Merche, jajajaja. Dos y no más, Santo Tomás. Versión chico y versión chica, y ya, luego se acabó el dale que te pego para seguir con el terror. Hay gente que todavía está flipando al ver que he escrito erótico, pero me encantan los retos. Este no es nada en comparación con el otro. Ahí lo dejo yo también, jajajaja

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. Genial, erótico y con mucho sentido del humor, Jose, me gusta esta nueva versión tuya. Felicidades.

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    1. Muchas gracias, Dolors. Espero que la versión femenina también te guste mucho. ¡Mil gracias!

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